Tú, callado, esperabas ansioso mi respuesta.
Sabías que que tardase en decirlo solo podía significar una cosa: la respuesta no iba a ser favorable para ti. Y así fue, como escuchaste de mis labios que no estaba preparada. No podía estar contigo.
Lágrimas.
Lágrimas desordenadas corrían por tus mejillas. La pena de no sentirte correspondido.
Y, sin embargo, en ese momento, sin pretenderlo, removiste algo en mi interior.
Y dimos paso así a un mes de diciembre único.
Único y mágico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario